En Mallorca hay más de 200 playas y calas. Unas cuantas las conoce todo el mundo; otras siguen siendo un secreto que los de aquí guardamos con cariño. Estas son cinco que, en pleno verano, merecen el madrugón.
(Si aún estás planeando la ruta por tierra, léete también nuestra guía de los pueblos con más encanto de la isla.)
Sa Calobra
Bajar hasta aquí por la carretera de curvas es una aventura en sí misma. Al final te espera el Torrent de Pareis: un desfiladero espectacular que desemboca en el mar. Impresionante, aunque en agosto conviene llegar temprano.
Caló des Moro
La postal de Mallorca por excelencia. Una cala pequeña de agua imposiblemente turquesa entre acantilados. Hay que bajar un poco a pie, pero la recompensa es de las que quitan el aliento.
Es Trenc
Kilómetros de arena blanca y agua transparente, sin edificios a la vista. El Caribe mallorquín, dicen. Perfecta si buscas espacio y naturaleza sin urbanizar.
Cala Deià
Pequeña, de piedra, con un par de chiringuitos de pescado fresco y el encanto de la Tramuntana cayendo al mar. Combina bien con una visita al pueblo de Deià el mismo día.
Formentor
El faro del extremo norte, con vistas de vértigo y una playa de aguas cristalinas rodeada de pinos. El fin del mundo, a una hora de Palma.
Un consejo antes de meterte al agua
Aquí va el error clásico del turista (y de más de un mallorquín): meterse al mar con joyas que no aguantan el agua salada. La plata se ennegrece, el baño barato se levanta, y adiós.
Nuestras piezas están hechas en acero inoxidable resistente al agua: te bañas en cualquiera de estas calas con ellas puestas y no pasa nada. Ni mar, ni piscina, ni crema solar.
Llévate el mar contigo
Cuando el verano acabe y vuelvas a tu ciudad, la Colección Esencia de Mallorca es la forma de que este agua turquesa te siga acompañando. La silueta de la isla, diseñada aquí en Palma, para llevarla puesta todo el año.